Presentimiento, presagio, augurio.
Sí, está bien si apuestas veinte euros por tu equipo en el derbi, el Black Jack o el hipódromo; pero no cuando eres el alcalde de una ciudad asfixiada por los impagos. Gallardón ha querido dejar como legado una ciudad olímpica y se va a tener que conformar con saltar las zanjas, y no precisamente las que Espe le deja en el camino.
Eso de tener unas Olimpiadas mola, sobre todo para los ciudadanos de a pie. ¿A quién no le gusta pasear y encontrarse un macro pabellón? A mí, por ejemplo, me encanta asomarme por la ventana de mi clase y ver un precioso estadio Olímpico que tan sólo se usa dos veces al año. Pero claro, lo de Madrid es mejor, una Caja Mágica no es cualquier cosa…
Aunque hay que reconocer que los más perjudicados por la decisión del COI son algunos de nuestros más ilustres ciudadanos; y es que Con Madrid como sede y Valencia subsede más de uno ya se estaba frotando las manos…
¿Y el espíritu olímpico?
Qué pena; es una lástima no ver una ciudad española brillando en el Olimpo junto a otras como la Berlín nazi o la Pekín neocomunista.
En fin, hemos perdido mucho: especulación, despilfarro, corrupción…
A parte de veinte millones de euros en promocionar una candidatura imposible.

